Astrónomo UV alerta sobre la contaminación lumínica: “Proteger nuestros cielos es proteger un patrimonio único”

3 septiembre 2026

El académico del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Valparaíso e investigador del Núcleo Milenio de Galaxias MINGAL, Eduardo Ibar, advierte sobre la importancia de mantener altos estándares frente a la contaminación lumínica y resguardar no solo la astronomía, sino también la biodiversidad, la salud humana y el patrimonio cultural asociado a los cielos oscuros.

El Ministerio del Medio Ambiente (MMA) inició durante agosto un nuevo proceso de revisión de la Norma Lumínica vigente en Chile, en un contexto marcado por la necesidad de compatibilizar su implementación con los procesos de recambio de luminarias que deben realizar las municipalidades del país. El proceso permite que personas e instituciones interesadas hagan llegar sus observaciones hasta el próximo 22 de octubre.

Para Eduardo Ibar Plasser, académico del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Valparaíso (IFA UV), la discusión resulta especialmente relevante debido a las múltiples consecuencias que tiene el exceso y el uso inadecuado de la iluminación artificial durante la noche.

“La contaminación lumínica no es solamente un problema para quienes hacemos astronomía. Estamos hablando de una alteración de la oscuridad natural de la noche que tiene consecuencias sobre los ecosistemas, la salud de las personas, nuestro patrimonio cultural y también sobre la posibilidad de seguir observando el Universo desde Chile”, explica Eduardo Ibar.

De acuerdo con la definición del Ministerio del Medio Ambiente recogida por el académico, la contaminación lumínica corresponde a la alteración de la oscuridad natural de la noche provocada por luz desaprovechada, innecesaria o inadecuada proveniente del alumbrado exterior, fenómeno que genera impactos tanto en la salud como en los seres vivos.

Un patrimonio científico que requiere protección

Chile posee condiciones excepcionales para la observación astronómica. Sin embargo, el crecimiento de las ciudades, carreteras y otras infraestructuras puede aumentar considerablemente el brillo artificial del cielo.

Uno de los antecedentes presentados por Ibar permite dimensionar este fenómeno: la iluminación de la carretera entre Vallenar y La Serena significó un incremento de la contaminación lumínica de un factor dos en el Observatorio Las Campanas.

Dr Eduardo Ibar

Dr Eduardo Ibar

“Muchas veces pensamos que una luminaria individual no puede producir un impacto importante, pero cuando sumamos miles de fuentes de iluminación y estas no están correctamente diseñadas, el efecto acumulativo puede ser enorme. Para la astronomía, aumentar el brillo del cielo significa perder contraste y, con ello, dejar de detectar los objetos más débiles del Universo”, señala Ibar.

Precisamente, una de las consecuencias directas de la contaminación lumínica para la observación astronómica es la pérdida de capacidad de contraste del cielo nocturno, lo que dificulta o incluso imposibilita observar los objetos astronómicos más débiles.

El problema, además, tiene una dimensión mundial. Los antecedentes recopilados por Ibar señalan que la Vía Láctea ya se encuentra oculta para más de un tercio de la humanidad debido a la iluminación artificial. Actualmente, una de las principales herramientas para monitorear el fenómeno a escala global son las observaciones satelitales, particularmente mediante el instrumento VIIRS-DNB a bordo del satélite Suomi NPP.

El problema de la luz azul

Uno de los aspectos especialmente relevantes de la regulación es el tipo de luz utilizada. La luz azulada se dispersa en la atmósfera mucho más que la luz ámbar, por lo que la proliferación de iluminación LED blanca en las ciudades requiere especial atención. El problema, destaca Ibar, trasciende la astronomía y constituye también una materia ambiental y de salud pública.

“La discusión no consiste en elegir entre tener ciudades iluminadas o proteger el cielo. Podemos iluminar bien y, al mismo tiempo, reducir los efectos negativos. Lo importante es utilizar la cantidad de luz necesaria, dirigirla hacia donde realmente se necesita y controlar adecuadamente su espectro, especialmente la componente azul”, sostiene el académico.

La contaminación lumínica puede tener consecuencias en diferentes ámbitos. Entre ellas se encuentran la alteración de aves migratorias y otros impactos sobre la biodiversidad, efectos sobre la producción de melatonina en las personas, pérdida de eficiencia energética, afectación del astroturismo y deterioro del patrimonio cultural vinculado a la observación del cielo y las cosmovisiones ancestrales.

Una norma para todo Chile

La regulación chilena experimentó un cambio significativo con el Decreto Supremo N.º 1 de 2022 del Ministerio del Medio Ambiente, que estableció una nueva Norma Lumínica en reemplazo de la regulación contenida en el Decreto Supremo N.º 43 de 2012.

Entre sus principales modificaciones se encuentra la incorporación de la biodiversidad y la salud humana entre sus objetivos de protección y la extensión de la normativa a todo el territorio nacional. Asimismo, la norma disminuyó el límite de emisión de luz azul desde un 15% a un 7% en el territorio nacional y estableció una restricción especial de 1% para las denominadas Áreas de Protección Especial, entre ellas zonas astronómicas, parques nacionales, reservas y áreas de reproducción de especies amenazadas. También contempla el fortalecimiento del control preventivo por parte de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC).

La normativa establece además condiciones sobre tres aspectos fundamentales de las luminarias: su intensidad, la dirección en que se proyecta la luz y su espectro de radiación.

“Chile tiene una responsabilidad especial en esta materia. Nuestros cielos constituyen un laboratorio natural único en el mundo y han permitido instalar algunos de los observatorios astronómicos más importantes del planeta. Protegerlos significa proteger una capacidad científica estratégica para el país y también un patrimonio que pertenece a toda la sociedad”, enfatiza Ibar.

Nueva consulta y participación de la comunidad astronómica

La revisión impulsada por el Ministerio del Medio Ambiente en agosto de 2026 se centra, según los antecedentes presentados por el académico, en facilitar que las municipalidades puedan adaptarse a los recambios de luminarias requeridos por la normativa. Las observaciones al proceso pueden ser enviadas al MMA hasta el 22 de octubre.

En paralelo, la Sociedad Chilena de Astronomía (SOCHIAS) se encuentra preparando lineamientos técnicos destinados a orientar a la comunidad astronómica frente a este proceso.

“Es muy importante que la comunidad científica esté atenta y participe de esta discusión. La implementación de la norma debe considerar las necesidades de las ciudades, pero sin retroceder en la protección que Chile ha construido para sus cielos oscuros. Las decisiones que tomemos hoy respecto de cómo iluminamos nuestras ciudades tendrán efectos durante muchos años”, concluye Eduardo Ibar.

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