Hearing impaired experienced the eclipse in Cachiyuyo, Northern Chile, thanks to the Lightsound device

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Fueron 69 segundosde oscuridad, la temperatura bajó drásticamente y la ovación de los asistentes repartidos en la gran explanada del pueblo de Cachiyuyo, ubicado al sur de la Región de Atacama, no se hizo esperar.

El sol eclipsado en un cien por ciento fue la coronación de la Gran Fiesta
del Eclipse, evento que organizó la Universidad de Valparaíso junto al Instituto Milenio de Astrofísica (MAS) y el Núcleo de Formación Planetaria
(NPF), y en la que participó un equipo de cincuenta científicos.

La jornada comenzó temprano en la mañana del martes, con un nutrido programa
de actividades de difusión científico–educativa para toda la familia, que incluyó charlas, obras de teatro, talleres de astronomía inclusiva para no videntes, conversatorios y observaciones con telescopios.

Cachiyuyo tiene 220 habitantes, pero la población flotante de la jornada alcanzó las 10 mil personas.

El fenómeno astronómico en el momento de su máxima magnitud, a las 16:39 horas, dejó a la vista la umbra (sombra), que oscureció por completo al sol, segundos después apareció una resplandeciente corona y se pudieron observar las denominadas perlas de Baily, que son una cadena de puntos brillantes de luz que aparecen alrededor de la
luna, producto de las hendiduras que forman las montañas lunares.

De seguro, un momento imborrable que quedará en el recuerdo de muchos, maravillados por la belleza del fenómeno, pero igual de inolvidable para aquellas personas que presentan discapacida visual y que llegaron a Cachiyuyo el día del eclipse. Esto gracias al dispositivo “lightsound”, gestionado e incorporado a los talleres de astronomía inclusiva por los organizadores del evento, que les permitió seguir el eclipse a las personas con visión reducida y ciegas de las comunas de Caldera y
Vallenar, que concurrieron al pueblo a vivir la experiencia de su primer eclipse total de sol.

Es el caso de Octavio Oyarzún, quien quedó sin visión prácticamente desde su nacimiento y viajó desde la ciudad de Caldera. “Fue un momento mágico, un momento de felicidad y plenitud. Realmente es indescriptible, en realidad las palabras no alcanzan para describir esta vivencia. Ésta finalmente es una vivencia que nos equipara en la igualdad de oportunidades gracias a la ciencia. Los científicos hicieron
posible que tras tantos años de trabajo tuviésemos este minuto de felicidad”.

Octavio agrega que el sonido del dispositivo es plenamente descriptivo: “Como las frecuencias se van modificando de agudo a grave, es súper amplio el espectro que tiene, así que se genera en forma gradual, y para nosotros es más fino todavía el detalle para poder seguir el curso del eclipse”. También recomendó la experiencia a todas las personas y agradeció de manera especial a la UV y a sus académicas del Instituto de Física y Astronomía Amelia Bayo y Catalina Arcos por ser el nexo entre la ciencia y la comunidad con discapacidad visual, lo que les abrió la puerta para ser parte de esta experiencia.

Su esposa Denisse Reyes, quien solo distingue una fracción reducida de los cambios de luz, manifestó estar feliz porque pudo escuchar y sentir el eclipse gracias al lightsound. “Es espectacular, increíble, si me lo cuentan yo creo que no hay nadie que pueda expresar como es en realidad (un eclipse) y que lo pueda transmitir a quien no
puede ver nada. A mí me emociona, porque siento que las personas con discapacidad visual somos como la clase media, siempre estamos como más solos, porque somos autovalentes, entonces que ahora se hayan preocupado tanto de nosotros y nos hayan invitado a vivir también esta experiencia es muy emocionante”, comentó.

Nadie quería perderse el evento astronómico del año, por eso personas de todo el país concurrieron a Cachiyuyo, sin importar la distancia que debían recorrer para vivir el eclipse en la franja de totalidad.

Paula Miranda viajó desde Santiago y relata su experiencia de la siguiente manera: “Es muy impactante la sensación del minuto que duró el eclipse total, me llenó el corazón de alegría y emoción, es un milagro de la naturaleza cuando recupera el sol su protagonismo, hay un destello de todos los colores, me voy emocionadísima, valieron la pena todos los kilómetros recorridos, es una experiencia maravillosa”.

Mario Valdivia, también santiaguino, dijo que fue “muy bonita, muy interesante la experiencia, me gustó mucho sobre todo la infraestructura de apoyo creada para poder hacer un evento que fuera muy interesante para la gente. Uno ve el eclipse y se emociona por lo que significa, por lo pequeños que somos en un espacio infinito. Me pareció muy bonita la labor que hizo de Universidad”.

Almendra Pedrini, estudiante de Astronomía UV, reconoció que fue un fenómeno sin parangón: “Llegamos el día anterior muy de noche, hicimos carpa y fogata, pero hacía mucho frío, no fue una noche buena noche en realidad, pero nos habíamos propuesto este viaje hace rato con mis compañeros y valió la pena. Había visto un eclipse antes en
Valparaíso, pero fue parcial y no se compara, simplemente no se compara el poder ver con tus propios ojos el cielo y el círculo negro que se crea. Es espectacular”.

Chile es un país privilegiado, porque en sólo 17 meses más se producirá un evento similar en el territorio nacional continental. Los astrónomos UV dejan Cachiyuyo y ya se preparan para la caza del próximo eclipse total de sol, que ocurrirá cerca del mediodía del 14 de diciembre del 2020, en la zona de Villarrica- Pucón, en la Región de la Araucanía.