Discovery of rock debris in distant solar system show how could be the end of our planet

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La muerte de una estrella se produce cuando en ella ya no existen los elementos necesarios para generar la fusión nuclear que genera la energía de ésta, principalmente hidrógeno. Tras su deceso se convierte en una enana blanca, y será también el destino final e inevitable de nuestra estrella, el sol.  En el último tiempo, las enanas blancas, están despertando la atención de los astrónomos, no sólo para predecir nuestro último destino dentro de millones de años, sino para estudiar la composición de los planetas que una vez conformaron sus sistema solar

Según Matthias Schreiber, investigador del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Valparaíso (IFA) esta área de investigación emergente nos puede contar mucho sobre la existencia de planetas similares a la tierra “Normalmente la gente no mira mucho a las enanas blancas cuando hablamos en el contexto de planetas extra solares. Porque para buscar planetas extra solares uno mira alrededor de estrellas “normales”,  como el sol, pero no aquellos de sistemas solares extintos. Se conocen más de tres mil planetas que no están en nuestro sistema solar, sino alrededor de otras estrellas. Podemos investigar qué masa y radio tienen, pero no podemos medir qué composición química tienen”.

Es por eso que el estudio de las enanas blancas abre una ventana al conocimiento de la composición de los que fueron los planetas de sus sistema solar. Según explica Schreiber “Cuando algunos planetas y asteroides caen a la enana blanca se producen líneas de absorción que nos permiten estudiar la composición del material rocoso de sistemas planetarios”.

En el caso recientemente estudiado se identificó una línea de gas de calcio en el disco alrededor de la enana blanca, dentro del cual en un período de cada dos horas, durante algunos minutos esa línea cambia su brillo y su forma, lo cual los astrónomos identificaron como un cuerpo rocoso que la orbita. “Podría desintegrarse por las fuerzas de marea, pero no lo hace porque es una órbita muy estable y de eso uno puede calcular la fuerza que tiene el cuerpo para mantenerse. Y por las observaciones parece que podría ser fierro, y si es fierro, y esto es muy interesante de especular, porque sería similar al núcleo de la Tierra. Lo que estamos observando podría ser el resto de un planeta como el nuestro que tal vez sobrevivió la muerte de su estrella, pero no al acercamiento a la enana blanca y lo único que queda es el núcleo que está orbitando y que produce gas en interacción con el disco”, precisó Schreiber.

La hipótesis general de los astrónomos es que un sistema solar como el nuestro no es tan especial, sino que existen millones como él. El estudio de las enanas blancas es una especie de ventana al futuro, que permite recopilar evidencia que comprueben esta hipótesis, como también predecir, cuál va a ser el fin de nuestro planeta, qué va a pasar con el sistema solar cuando muera el sol. También nos entrega pistas para medir la composición de los planetas exo-solares, acercándonos un poco más a saber si estamos solos o no en este vasto universo.